ADICCIÓN Y FAMILIA
La adicción es una enfermedad que destruye la capacidad de la persona para crear y mantener relaciones significativas. Con el tiempo, todos los miembros de una familia adicta deben ajustarse y adaptarse a pérdidas psicológicas, emocionales y espirituales. La familia ya no está organizada alrededor de valores mutuos, ahora la familia está organizada alrededor de la adicción. Los miembros que alguna vez encontraron consuelo, compañía, amor constante y sentido entre sí, están ahora nerviosos, irritados y descontentos.Las rutinas establecidas, se han tornado impredecibles. ¿Quién llegará a cenar? ¿Quién estará borracho o drogado? ¿Estará papá enojado, ensimismado o alterado? ¿Dónde estará mamá? En vez de ser un lugar de refugio y santuario, ahora el hogar es un lugar de incertidumbre, peligro y dolor.Las relaciones y los individuos se lastiman y maltratan. La ira y las discusiones se vuelven el pan de cada día.
La adicción en sí misma es un animal enfurecido que acecha de continuo a la familia. Por lo tanto, la familia sintiéndose amenazada siempre está alerta, en guardia. Aunque lo nieguen el adicto y los demás, la enfermedad es un tirano que controla a la familia. Dicta cuán plácida o tumultuosa serán las situaciones en la familia, la hora en que regresa del bar el adicto, cuán asustados estarán los niños a la hora de irse a la cama o si los padres despertarán a tiempo para llevarlos a la escuela. No es sorprendente que las familias adictas estén llenas de frustración, ira y vergüenza. Es comprensible que, con tal caos e impotencia en casa los miembros de la familia busquen tener poder para defenderse. Este tipo de familia depende de sus sistemas de defensa para resolver sus problemas, en lugar de usar la razón y la comunicación colectiva.
Los miembros de la familia se vuelven más reactivos, están constantemente atentos al peligro y, cuando lo ven venir, reaccionan para evitarlo o controlarlo. Aumentan el temor y los conflictos. Los padres son cada vez menos capaces de encontrar soluciones. Las conversaciones están marcadas por expresiones egoístas y el uso de ciertos tonos y gestos intimidantes.
Etapa 1 (Ajuste)
En la adicción la experiencia de intoxicación seduce al adicto y lo aleja de su familia. Esta persona se vuelve incapaz para resistir la atracción de la experiencia de la droga, o del alcohol. Lentamente, a veces rápidamente, se aparta de sus valores familiares, rutinas, rituales y creencias. El adicto crea una familia “alternativa”, constituida por los amigos del bar, los grupos o pandillas, casinos, prostitutas que se vuelven más importantes que la propia familia inmediata. Drogarse, emborracharse se vuelve más importante que convivir con su familia.
El círculo de amigos del adicto empieza a convertirse en su sociedad principal. Rompe los lazos emocionales y su compromiso con su familia, amigos y comunidad y los transfiere hacia otros adictos. En lugar de depender del apoyo familiar para resolver sus asuntos, el adicto confía cada vez más en el proceso adictivo.Todos en la familia sienten los dolorosos efectos del distanciamiento. Sin embargo, el adicto vive en la negación y no se percata de nada de esto.Ven al adicto abandonar el verdadero sentido del placer y tomar decisiones carentes de sentido. La preocupación de un ser amado es una amenaza para el adicto y éste responde a la amenaza tratando de minimizar, racionalizar y refutar las preocupaciones de esa persona. El adicto lo toma como “dar la lata "
El amor que nadie escucha: La ansiedad es un sentimiento normal. Todo el mundo se ajusta a un nivel de tensión siempre presente en el hogar. Es natural que la familia se sienta ansiosa. Los miembros de la familia sienten el peligro de la adicción y pueden prever sus consecuencias; a medida que el adicto continúa haciendo a un lado sus preocupaciones, la familia se asusta más. Aunque se le cuestione, el adicto nunca ve ni escucha el amor y la preocupación de su familia.Al paso del tiempo, la vida familiar cotidiana se convierte en una lucha de poder. El adicto se da de topes con los codependientes; cada quien lucha para demostrar que el otro está equivocado; cada quien trata de convencer al otro.
La erosión de la confianza: Debido a que el adicto constantemente es manipulado por la experiencia de la intoxicación y se vuelve manipulador, ve a todo el mundo bajo la misma luz; le es imposible considerar que la preocupación sea genuina. Piensa que sus seres queridos están tratando de engañarlo o de forzarlo a que deje de beber o usar drogas. Por consiguiente, para defenderse el adicto aumenta su desconfianza y se distancia de la familia. Cuando los miembros de la familia ven que el alcohólico se aleja y se hace más dependiente de una sustancia química, están menos dispuestos a confiar en él. La confianza es esencial en las relaciones de intimidad. Las relaciones se desintegran al faltar la confianza.
La adicción toma el mando: La adicción afecta a la familia en cuatro niveles: conductual, mental, emocional y espiritual.
Conductual: La familia sabe que existe un problema. Saben que la bebida o la droga de un miembro de ella los gobierna cada vez más. Esto se refleja en sus mentes, sus actitudes y su conducta. Cada día, cuando los niños regresan a casa de la escuela, se preguntan qué les espera del otro lado de la puerta.
Mental: Ahora se emplea más tiempo y energía tratando de comprender lo que está pasando. Todo mundo vive el alocamiento y las peleas una y otra vez. Los miembros de la familia pueden pasar horas enteras hablando entre sí o pensando y analizando la conducta del adicto. Todo el mundo se pregunta por qué y busca respuestas. En su impulso de sentido, los miembros de la familia buscan el sentido de algo que fundamentalmente no lo tiene.
Emocional: El adicto crea un engañoso sistema de defensa que permite que la adicción avance. Enfrentados a los ataques del adicto, los miembros de la familia naturalmente se defienden, lo cual sólo los lleva a librar batallas sin sentido con el adicto. Tal vez pronto empiecen a desarrollar su propia forma de engaño para eliminar el problema de su mente: “No pasa nada. No bebe tanto. Estará bien...”
Espiritual: El adicto empieza a traicionar principios y valores como la honestidad, la esperanza y el respeto a sí mismo y a otras personas. La adicción lentamente toma el control del individuo y de la familia. Se gasta más y más tiempo en tratar de proteger al adicto.
La evitación y el control reemplazan al sentido: Los miembros de la familia se protegen evitando y minimizando los problemas causados por la adicción. El adicto cree que puede controlar la sustancia que absorbe y la familia cree que puede controlar al adicto.
La familia se vuelve reactiva: Cuando estamos asustados y necesitamos protección, buscamos el poder instintivamente. Buscan refugio en su propio impulso de poder -usando argumentos y tácticas similares a las del adicto- y cayendo así en el proceso adictivo. Al refugiarse en sí mismos, los miembros de la familia se aíslan cada vez más. La adicción dobla, tuerce y amenaza con romper a los miembros de la familia. Vivir dentro de una doble muralla: Los miembros creen que deben arreglar el problema y, sin embargo, no pueden. Su mente les dice que no tienen la culpa, pero en su corazón sienten que sí la tienen. El adicto quiere vincularse con su familia y, sin embargo, la rechaza en favor de la adicción. Las preocupaciones de la familia atraen y repelen al adicto. El adicto desea mayor libertad para seguir con su adicción creciente y quiere que la familia no se moleste.
La familia desea brindar ayuda al adicto pero es rechazada. Esto hiere a los miembros de la familia y los hace desarrollar, como el adicto, un sistema interno de defensa. Cada miembro de la familia se acerca al adicto por amor y evita al adicto por dolor.
Comunicación: Antes, los miembros se comunicaban para saber qué estaba mal, ahora lo hacen para saber quién está mal. En la familia adicta la verdad supone una amenaza. Si los miembros de la familia hablarán abiertamente sobre la adicción, podrían encontrar una solución, sin embargo, debido a su dependencia, el adicto debe sabotear la verdad y el proceso de comunicación. Cada miembro construye un muro emocional tras el cual protegerse. El adicto intensifica sus ataques contra la familia: Los otros se convierten en “los malos”. Otros tienen la culpa. La energía se canaliza hacia la ira, el dolor y la negación. La familia se centra en el poder, la persona con más opciones tiene el mayor poder. Por consiguiente, el adicto -que está dispuesto a arriesgar más que ningún otro en la familia- generalmente tiene el máximo poder. A menudo los coadictos (las personas directamente relacionadas con el adicto) contraatacan y se vuelven contra el adicto enojándose y resistiéndose. A veces el coadicto parece más perturbado e inestable que el temperamental adicto.
La familia vigila al adicto: Durante la primera etapa de la adicción, la familia del adicto empieza a vigilarlo de manera diferente. La familia se siente preocupada y entristecida. Esta situación puede consumir a la familia del adicto.
Motivados por el amor, tratan con mayor empeño de mantenerse unidos acechando al adicto.Los preocupados miembros de la familia hacen a un lado sus necesidades personales para atender las necesidades inmediatas del adicto.
Los efectos sobre los niños: En la familia donde uno de los padres es adicto, los niños deben confiar en alguien que es peligroso para ellos. Aunque desean atención y apoyo de los padres, es posible que sientan repulsión.Para adaptarse, los niños suelen tomar el papel de padres y satisfacer las necesidades emocionales de la familia. Si un adicto adulto en la familia necesita un amigo, a menudo el niño tiene que serio. Si el cónyuge necesita alguien que le dé seguridad, el niño está ahí para brindarle apoyo. Si el padre necesita alguien con quien quejarse, el hijo o la hija están disponibles. Con tantas presiones, los niños se ven obligados a tomar partido en el juego político de la familia. Los padres hacen campaña en busca de apoyo. Con razonamientos determinan quién está en lo correcto y quién está equivocado y cada hijo tiene un solo voto.Cuando el niño siente que sus padres están bien, queda libre para explorar el mundo de acuerdo a sus propias necesidades, no las de sus padres. En lugar de vigilar el mundo de los padres, el niño es libre de jugar y explorar el suyo.Durante la etapa de ajuste, es frecuente que los niños finjan ser mayores de lo que son. (Los niños hacen esto en todas las familias, pero ocurre con mayor frecuencia en las familias adictas y el deseo es más intenso). Pero con el deseo de ser mayores, viene el ansia de poder, que con frecuencia presenta a los niños una posible solución. Ser más grande significa más poder, y tener más poder significa que pueden ayudar a salvar a su familia.
12 septiembre 2008
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