ADICCION Y FAMILIA
Desesperación . Padres e hijos por igual están cansados; apenas pueden manejar sus propias vidas.Los seres humanos tienen necesidades de vinculación. Durante esta etapa, la mayor parte de los miembros de la familia sabe que sus necesidades no pueden satisfacerse a través de la familia, a menos que se formen vinculaciones negativas. En una vinculación negativa, los mecanismos de defensa de una persona entran en juego con los de otra.
El abismo parece infranqueable: Aumenta la distancia entre los miembros de la familia. Aunque comparten la mesa, los padres y los hermanos rara vez establecen contacto. Ante la desesperación, no es anormal que se permitan fantasías sobre el suicidio o la muerte de la persona que causa el dolor.Los padres experimentan una profunda angustia y vergüenza, pues creen que tienen la culpa de la adicción de sus hijos. Muchos pensaban en la muerte de su hijo y se castigan por permitir siquiera que tales pensamientos entren en su mente, además de que los conduce a los padres a una grave depresión. Algunos compensan sus pensamientos negativos ayudando a sus hijos.
La vida en estado de shock: Durante esta etapa final de la adicción, los miembros de la familia experimentan un trauma constante y la gente actúa como si el peligro siempre fuera inminente. Una puerta que se azota, un radio que repentinamente suena muy alto o una voz agitada, basta para asustar a todos. Los miembros de la familia se sobresaltan fácilmente. Esto puede desencadenar más pleitos y discusiones.Durante esta etapa sin esperanzas, dejar a la familia es una estrategia socorrida y una solución común. El cónyuge de un adicto puede pedir la separación o divorcio, tener un o una amante, lo que sea con tal de salirse.
Los niños usan el método: “si no puedes con el enemigo, únete a el”. La unión traumática hace que se sienta seguro y especial; pero en realidad se esta uniendo a alguien que lo pone en peligro.Unos simplemente se rinden, al no encontrar la forma de salir, se someten, ciegamente a la locura del sistema de contagio familiar. La depresión se convierte en su refugio dejan de tener interés, esperanza, cualquier sueño de escap: se les acabó la ira.
Los lazos se aflojan: Las familias repiten la misma conversación segura o no conversan. Se evitan conversaciones más íntimas o profundas, que están cargadas de emociones y requieren una capacidad de atención que la familia ya perdió para esta etapa.
Se necesita un nuevo sistema: La capacidad para mantener relaciones dentro de la familia ha sido significativamente erosionada. En las familias adictivas, una fuerza poderosa trabaja contra el cambio, a pesar de que todos se sienten desgraciados por la forma en que van las cosas. El cambio forzaría a todos a encarar la verdad sobre sí mismos como individuos y como comunidad. El cambio significa algo tan ajeno a los miembros de la familia adictiva que no pueden imaginar siquiera lo que pueda ser. La idea de vivir en forma diferente incrementa tremendamente el temor. La situación parece desesperada.Básicamente el diálogo no existe, el adicto está separado emocionalmente de la familia, los rituales familiares, las rutinas, valores y creencias que apoyaban a la familia se han destruido
24 junio 2010
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